domingo, 26 de julio de 2026

Capítulo 3

 



Sergio habla con mucha amargura.

--tu sabes que me casé muy enamorado. Marta me volvía loco..Era tan explosiva, le gustaba hacer el amor en cualquier sitio, a todas horas y yo no digo que eso fuera lo más importante pero es que ahora parecemos hermanos.

--¿no te acuestas con tu esposa? perdón, no quiero ser indiscreto.

--si, bueno. Muy de vez en cuando pero sí. En realidad desde que nos casamos sólo lo hicimos cuatro veces y de la última hace ya como dos meses. No sé, es como si después de la boda algo se hubiera roto. No sé, siento como si hubieran pasado 40 años.

–¿porque no hablas con ella?

--porque la verdad es que me da igual, ya me da igual todo.

--eres joven como para estar tan amargado. Si no eres feliz,  rompe con tu matrimonio.

–¿a los tres meses de la boda?

--es que si a los tres meses ya estáis así, yo creo que lo mejor es romper ahora, antes de que sea tarde. Imagina que quede embarazada.

Esa posibilidad no le gusta nada a Sergio.

--no, no !¡Qué horror! por suerte Marta no quiere hijos. Ella se cuida, sería lo peor que me podría pasar en este momento. No, no quiero un hijo con ella. Tal vez te parezca, no sé... cruel.

--yo no soy quien para juzgarte,  sólo te digo. Rompe ese matrimonio si no eres feliz.

--es que me da cosa con los padres de ella, me la confiaron. Después de una boda como la que hicimos, nos gastamos una fortuna,  le prometí amor hasta que la muerte nos separe, no puedo salirle con esto ahora.

--aquella boda fue un circo. Marta es atea y tú querías una boda sencilla. No te sientas culpable, la vida es solo una vez y hay que vivirla con intensidad. No salió bien pues hablas con ella y se lo planteas. A no ser que pienses en salvar tu matrimonio.

Con tristeza Sergio le dice:

–¿salvar? ¿qué quieres que salve? Mi matrimonio fue una ilusión que se desvaneció el primer día. No era lo que yo me esperaba.

--lo que pasa es que no te casaste enamorado.

--tú me lo dijiste pero no te hice caso.

--eso ya no importa, no me quiero pasar de repelente pero confudiste el sexo, el deseo, con el amor.

--tal vez tengas razón pero ¿y qué hago? ¿sabes lo difícil que es dormir con una mujer y sentirla una extraña? casi ni me habla y yo … ya me da igual. Todo lo que un día sentí por ella ya ha desaparecido.

--un divorcio a tiempo puede haceros feliz a los dos.

--Yo no me veo pidiéndole el divorcio a Marta y además ¿para qué?

–¿cómo que para qué? para volverte a enamorar.

--yo ya no estoy para eso. Me siento mal, desilusionado. No creo ya en el amor, eso era cosas de críos. No creo que yo pueda despertar el amor en nadie.

--no me gusta verte tan apagado, pareces un viejo de 80 años.

--así es como me siento.

Alberto se siente mal por no haber podido animar a su amigo. Sergio no quiere que insiste en el tema. Ya ha renunciado a ser feliz.

–¿y qué hay de ti? ¿sigues con tu novia de siempre?

--ya sabes que sí.

--tu sí que sabes hacer bien las cosas, nada de boda, de complicaciones.

--pero nos vamos a ir a vivir juntos.

Con mucha amargura Sergio dice:

--eso es lo mejor. El matrimonio es una mierda, no sirve para nada.

--venga hombre, no puedes verlo todo tan negativo. En vez de alegrarte yo vas a conseguir que me vaya de una mala leche.

--la verdad es que no soy muy buena compañía por eso prefiero trabajar duro y olvidarme de todo, no quiero amargar a mis amigos.

--para esos estamos los amigos, no te debes comer los marrones tú solo.

--gracias, de verdad. Tú sí eres un amigo.

Sergio fuerza una sonrisa pero a Alberto le duele verlo tan triste. Los dos amigos se acaban la cerveza y luego van hacia el coche del primero a paso muy lento. Sergio no quiere llegar a su casa. No tiene prisa.

--no tienes que quedarte conmigo, si tienes prisa. Lo que pasa es que a mi nadie me espera. No me gusta estar solo mucho rato,  aunque desde que me casé no hago otra cosa.

–¿y qué hace Marta, si ella no trabaja?

--Pues la verdad es que no sé ni me importa. --dice Sergio triste.








En un bar céntrico, un atractivo hombre, Rodrigo, empresario frustrado que no logra triunfar. Bebe para ahogar sus penas. El camarero trata de darle ánimos.

--ya saldrá adelante, muchas veces ha estado mal y ha salido. No será diferente ahora.

--sí lo es, me van a embargar puedo perderlo todo,  hasta mi coche.

–¿el deportivo rojo? Pues sería una pena y es que es precioso, seguro que muchas chicas se vuelven locas por usted solo por el coche.

Rodrigo sonríe con cara de degenerado.

--no deje que le quiten el coche, el coche es como la mujer, mejor que la mujer. No lo podemos perder..--insiste el camarero.

--ojalá pudiera hacer algo, ojalá.

Rodrigo se da cuenta que hay una mujer que no lo deja de mirar. Rodrigo mira detrás y cuando se da cuenta que lo mira a él responde de la misma manera. El camarero le advierte:

--no se acerque a ella.  Esa mujer es de mucho cuidado, viene todas las noches por aquí.

Él la mira excitado. Es muy explosiva.

--Nunca la había visto –dice Rodrigo mientras responde a las devoradoras miradas de la mujer.

--porque a veces ni llega a entrar, dicen los rumores que viene aquí en busca de sexo, le gusta hacerlo con un hombre o dos diferentes cada día y después si te he visto pues no me acuerdo. Debe tener todas las enfermedades del mundo.

Rodrigo arde en deseo en conocer a esa mujer. Acaba su vaso y hace intención de ir a por ella.

--no lo hagas, yo no me fío de una mujer así

--pero está buena un rato y si es como dices pues sirve y me desahogo. Y llevo condones.

Rodrigo va hacia ella con ganas de saber si es cierto lo que le han dicho de esa desconocida. Los dos se miran muy seductores:

--me llamo Rodrigo,  me ha parecido que me mirabas.

--yo soy Marta –dice ellos muy coqueta.

Él le va a dar dos besos en la mejilla pero ella le da un beso apasionado en los labios. Aunque le sorprende a él. Saborea ese beso. Los dos se miran con deseo.

–¿y siempre saludas así a la gente?

--¿cómo así? --pregunta ella picarona.

Él sonríe. Le gusta el descaro de ella.

--pues con un beso así.

--- ¿es que tú no me ibas a besar?

--sí pero en la mejilla.

Muy sensual ella le dice:

–¿y no es más rico así?

--desde luego pero si besas así a todos los hombres...

--no a todos, sólo sí son muy guapos como tú

Él sonríe seductor:

–¿te parezco guapo? ¿cómo de guapo?

--si me llevas a tu coche te lo demuestro.

Ella lo mira lascivamente y él traga saliva. Rodrigo no se hace esperar. Paga lo suyo y lo de la mujer y se va con ella. Antes él y el camarero se sonríen con complicidad. Bajan al parking. Marta se queda impresionada por el coche.

--¿Te gusta? --pregunta él con orgullo.

--si pero me gustas más tú.

Los dos se devoran con los ojos. Acto seguido se devoran con los labios en el interior del vehículo. Él intenta frenarla.

--No te embales, si me enciendes de esta manera no voy a poder conducir.

–¿y para qué quieres conducir?.

Ella habla mientras le acaricia por todos lados. Los dos jadean.

–¿como que para que?  me has puesto con una moto, ¿no me digas que ahora te vas?

--claro que no.

Él se sorprende al ver que le desabrocha los pantalones.

--¿qué haces?

--- ¿Y tú qué crees? ¿No es eso lo que querías?

--si pero no aquí, estamos en un parking ¿y si baja a alguien?

--más divertido.

Rodrigo mira angustiado a su alrededor, finalmente lo vence el deseo.


Por otro lado, Raúl sale de la ducha. Se tumba en la cama desnudo pensando en Yuri y en que sea virgen. Le gustaría mucho ser él quien se llevara esa primera vez  pero sabe que no tiene posibilidades. Llaman a la puerta. Es Dora. Él la recibe muy frío y ella se decepciona. Igualmente hacen el amor.


Marta llega a su casa y entra sigilosamente al cuarto. Se desnuda y se mete en la cama. A su lado duerme su marido... Sergio.


Días después... A Sergio le ha llegado una carta de Colombia. Se sorprende. Hace años que nadie le escribía.

--- ¿quién será? --pregunta intrigado.




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