Sergio sube con el equipaje, Marta está colgada del brazo de su marido. Se muestra muy amorosa despertando constantemente los celos de Yuri. Cuando están ya en la casa, Marta besa a su esposo en los labios y dice:
--al fin solos, mi amor. Con las ganas que tengo de ti.
Muy incómodo Sergio dice:
--no estamos solos. Esta no es nuestra casa.
--ay mi amor, claro que sí. Yurita y yo ya somos casi hermanas, ¿verdad querida?
Yuri fuerza una sonrisa. La falsedad de Marta es tan grande que es imposible sospechar que sabe la verdad.
--Yo no traje nada de ropa ¿cómo tampoco vamos a tardar en irnos no?. Tú estás más gordita que yo, Yurita, pero seguro que me dejas algo de ropa ¿no?
--si claro –dice Yuri de mala gana.
Marta abraza a Yuri:
--ay amiga, cuanto te quiero pero claro no esperaba nada menos de ti después de lo bien que has cuidado a mi marido. Tú porque eres decente para hay cada cualquiera en la vida, aunque te parezca mentira hay mujeres que con tal de acostarse con un hombre les da igual que sean casados. Imagina que mala debe ser una mujer para sacarle el marido a otra.
Sergio mira a Yuri con tristeza. Sabe que está sufriendo mucho y le duele. Le hubiera gustado ahorrarle ese dolor. También sufre por el rencor que ve en los ojos de ella.
--no debí venir aquí –se dice así mismo– Sólo espero que esto traiga algo bueno, al menos podremos hablar en algún momento.
Yuri se siente muy mal por las palabras de Marta. Se siente muy culpable. Sucia.
–¿te sientes bien, Yurita? Tal vez es que fui muy clara. Es que no soporto a las rameras por suerte tu y yo somos de otra clase.
A Yuri le cuesta mucho mostrarse tranquila. Marta sí está como en su casa.
--bueno, Yurita, mi marido y yo queremos disfrutar de nuestra soledad ¿cuál es nuestro cuarto? Pondremos algo de música para que no te molesten nuestros gemidos.
Yuri fulmina a Sergio con la mirada. Molesto con su esposa éste la agarra del brazo para llevársela pero a ésta aún le queda veneno y dice:
--si bueno, aquí estamos entre amigos. Seguro que ahora viene tu Raúl y vuestros jadeos se confundirán con los nuestros.
Sergio mira a Yuri muerto de los celos. Se lleva a su esposa al dormitorio casi a la fuerza. Ella se muestra como si no se diera cuenta de lo enfadado que está:
--que apasionado, que ganas de hacer el amor conmigo.
Antes de encerrarse en el dormitorio, Sergio se da cuenta que Yuri lo está mirando. La mira con pena. Ella con odio y se mete en su habitación. Sergio y Marta se encierran en la habitación de invitados que hasta ahora nadie estaba usando.
Yuri sufre un fuerte shock al entrar en su recámara. Al ver esa cama en la que vivió su primera vez con el hombre de sus sueños. Mira la foto de su adolescencia con Sergio que tiene sobre la mesita. La abraza y se tumba en la cama. Pone música para ahogar su amargo llanto. Por su mente pasan imágenes del regreso de su amado: su primera vez, la segunda, sus días en la montaña, todo lo que se dijeron.. Se sentía la mujer más feliz pero ahora la caída desde tan alto ha sido mucho más dura. Se siente rota por dentro. El momento de su encuentro con Marta y las palabras de su hermano retumban en su mente destrozándola nuevamente por dentro una vez y otra.
--mi mintió, me mintió. ¿por qué? ¿por qué me tuvo que fingir amor? yo fui suya sin preguntar. No le hubiera reclamado que me dejara pero no tenía porque hacerme creer que esto era para siempre.
Sergio y Marta están a solas en su dormitorio. Ella sonríe coqueta y ël está furioso:
–!tú y yo tenemos que hablar!--dice él con dureza.
Para molestarlo y al ver que Yuri ha puesto la música tan alta, Marta dice:
–!vaya con Yurita. Tan decente que parece, seguro que ya llegó su novio el negro y ahora están haciendo el amor con fieras!
Esta posibilidad atormenta a Sergio pero intenta que los celos no lo dominen:
--no hay otro, soy el único. He sido el primero –se repite él para sí una y otra vez.
Marta se muestra apasionada:
–¿por qué tú y yo nos hacemos lo mismo? Me muero porque me hagas el amor.
Marta se quiere desnudar pero él la frena y dice:
--no, no aquí. No ahora.
--- ¿porqué? No entiendo. Yurita es de la familia casi y es normal que después de unos días separados pues nos queramos reencontrar.
–¿a qué juegas? Nuestro matrimonio estaba roto. Sólo lo hicimos en la luna de miel. Hacía tiempo que tú no querías que te tocara.
Ella se muestra amorosa. Lo quiere tocar pero él no se deja:
--bueno y por eso tú decidiste irte por unos días. Seguro que tú has reflexionado como yo y has llegado a la conclusión que nuestro matrimonio no puede romperse en su inicio. Además ahora está nuestro hijo.
–¿cómo pasó? Creí que te cuidabas.
–¿cuidarme? ¿Yo? pues no, yo siempre quise tener un hijo tuyo.
--Nunca me lo dijiste.
--porque creí que era lo mismo que tú querías.
--Pues más bien pensé que eso de la maternidad no era para ti. Era lo que me has dado a entender.
--tener un hijo tuyo es lo más grande que me ha dado la vida –miente.
Sergio se lleva las manos a la cabeza aturdido. Aunque se muestra enamorada para dentro Marta dice:
--a toda mujer le llega la hora de ser madre y aunque no lo esperaba pues un hijo es un hijo y será muy bien recibido pero en especial porque no es hijo tuyo. Ni loca tengo un hijo con un hombre tan tonto como tú. A saber con que taras me saldría... menos mal que mi Rodri es más espabilado y ojalá salga pelirrojo. Es que no sé en que estaba pensando el día en el que te dije el sí quiero ante el cura.
Sin imaginar los pensamientos de su esposa, Sergio dice:
--pero nunca querías hacer el amor conmigo.
--Pasamos una crisis pero nuestro hijo me ha hecho reflexionar, vamos a ser tan felices.
–¿y estás segura que esperas un hijo?
Ella se hace la ofendida:
–!claro que sí! ¿o crees que habría hecho un viaje así para nada?
--bueno, es que todo esto me ha tomado tan de sorpresa.
Marta se hace la ofendida.
–!ahora sólo falta que digas que tú no eres el padre ¿cómo puedes ser tan cruel, tan mal padre, tan mal hombre?
Marta hace que llora y Sergio se conmueve. La abraza:
--claro que no dudo de ti. Además estás del tiempo justo, no hay duda. Yo sé que jamás me engañarías con algo así.
Marta se abraza a él fingiéndose dulce:
--te amo tanto mi amor. Vamos a ser tan felices juntos.
Ninguno de los dos ve el rostro del otro. Él llora.
--te perdí Yuri. Te perdí para siempre. No le puedo fallar a mi hijo –piensa deshecho.
Marta sonríe con maldad:
--imbécil. Eres un imbécil. Más burro y no nace –piensa ella riéndose.
Se miran nuevamente a la cara. Ella sonríe, él tiene los ojos enrojecidos. Ella le acaricia la cara:
--tan amoroso, tan feliz porque vas a ser papá. Te amo, te amo.
–¿de veras me amas? –pregunta él aturdido.
--claro que sí. Ahora que hemos superado esta dura prueba ya verás que todo va a ser felicidad.
Marta besa a su marido y lo quiere desnudar pero él la frena.
--no –dice él.
--- ¿porqué? Las reconciliaciones son lo mejor de las peleas. Es la salsa del matrimonio y todas deben acabar en la cama.
En la mira con dureza y dice:
–¿por qué has mentido? No hacemos el amor. No fui el primero. No somos lo que has hecho creer a todos.
Ella hace la que llora:
--No quería que tus amigos supieran que me dejaste y que vuelves conmigo sólo por mi hijo. Yo sé que tú no me quieres, que no ibas a volver pero yo te amo. La realidad era tan dura que mentía para hacerme sentir bien. No es fácil para mi saber que vas a volver a mi sin quererme, pero yo te juro que te haré feliz.
El falso llanto de ella vence al hombre. La abraza y la acaricia:
--lo siento, perdona. Es que... no ha sido un buen día.
Ella se muestra dulce y dice:
--te perdono sí me prometes que vas a volver a España conmigo y lo vamos a intentar.
Con una gran herida que le desgarra el alma él dice:
--sí, en unos días regresamos.
Ella lo abraza entusiasmada, a él le cuesta mucho ocultar su dolor. Marta ya no insiste más y se queda dormida. Él está tumbado en la cama vestido. Al verla dormida sale del cuarto y se mete en el de Yuri. Ésta al oír la puerta se hace la dormida.
--Yuri, ¿duermes?
Ella no contesta y él pasa. Se la queda mirando. Se sienta a su lado. Ella tiembla de deseo pero no se mueve. Él la acaricia y la besa.
--te amo –dice.












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